El cuerpo sin vida de la madre; cuidó de su bebé hasta la hora que nació.

La historia de Sandra nos hace ver que la vida es un verdadero milagro.

Sandra vivía en Lisboa cuando quedó embarazada muy joven, el padre de su bebé decidió huir y aunque fue un golpe fuerte para Sandra, ella no se dejó vencer pues tenía muy claro que su prioridad era su pequeño y debía sacarlo adelante a toda costa.

Con esta experiencia, ella tenía muy claro que no quería más hijos y que se dedicaría por completo al que venía en camino.

La vida siempre nos da sorpresas y precisamente lo que decimos no querer, es lo que terminamos teniendo y así le sucedió a Sandra pues conoció a un hombre con el que terminó dándose una oportunidad. Su hijo ya tenía 15 años, había dedicado todo ese tiempo solo a él pero sintió la necesidad de tener una pareja y compartir su vida. Después de unos años, Sandra quedó embarazada, la felicidad y el miedo la invadieron por completo pues ya tenía una edad en que los riesgos son aún mayores. Tomó la decisión de ir con un médico a hacerse los estudios correspondientes y estos la hicieron estacionarse en su realidad.

Cuando Sandra se hacía cargo sola de su primer hijo, padeció de cáncer en el riñón y tras una desesperada lucha logró vencerlo. Sin embargo, los médicos destacaron que pese a ello su salud no era la mejor para pasar por la etapa de un embarazo, así que si deseaba continuar con él, este sería de alto riesgo. El consejo de los médicos fue abortar, así no expondría su salud pero Sandra rechazó tal propuesta inmediatamente y expuso que daría su vida por la de su bebé, así que abortar no era una opción.

Sus primeros tres meses de embarazo transcurrieron de lo más normal pero en el cuarto, comenzaron síntomas que la pusieron alerta; Sandra padecía constantes mareos, dolores de cabeza muy fuertes y también de estómago. En una ocasión, su pareja al llegar a casa se asombró de no encontrarla en la sala esperándolo como solía hacerlo, al entrar a la habitación la encontró en un mar de lágrimas pues los dolores eran muy intensos, una y otra vez le pidió que salvara a su bebé como si Sandra presintiera el final de sus días. Su esposo la tomó en sus brazos y sin perder el tiempo la llevó de inmediato al hospital en donde la atendieron rápidamente. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sandra tuvo muerte cerebral y los médicos ya no podían hacer nada por ella. Su esposo y sus hijos estaban devastados, para ellos era claro que al morir ella, también moría el bebé que esperaban con tanto entusiasmo.

Los médicos expusieron que generalmente el bebé fallece instantes después de la muerte de la madre debido al abastecimiento de oxigeno pues queda interrumpido. Pero para sorpresa de los médicos, al verificar el estado del bebé se dieron cuenta de que aún seguía con vida y su corazón latía con fuerza, sin embargo, descartaron que este sobreviviera, sólo le daban unos días para que corriera con la misma suerte que la madre, así que consideraban innecesario mantener el cuerpo de la mujer con soporte vital pero el esposo exigió a los médicos hacer lo posible porque no falleciera y entonces decidieron intentarlo y agotar todos los recursos.

Así que se decidió mantener las funciones vitales de la madre durante el tiempo que fuese posible y aunque en la mayoría de los casos el cuerpo no es capaz de absorber los nutrientes que artificialmente se le dan, el cuerpo de Sandra reaccionó diferente, posiblemente con tal de mantener con vida a su bebé.

Médicos y enfermeras se hacían cargo a diario de verificar que todo marchara bien, el cuerpo sin vida de Sandra se trasladó a un área al que nadie tenía acceso excepto ellos. Esperaban cada día que el embarazo avanzara lo más posible para poder que el bebé sobreviviera. Para sorpresa de todos, el cuerpo de Sandra soportó los meses restantes de embarazo, su pancita fue creciendo como la de cualquier otra mujer embarazada. Las enfermeras se encargaban en sus minutos de descanso de hacer sentir al bebé que no estaba solo, le cantaban y le hablaban del amor tan profundo que su madre sentía por él.

Llegó el gran momento de practicar una cesárea y para fortuna de todos, el bebé nació sano y fuerte. Las lágrimas no se hicieron esperar cuando escucharon su llanto, el bebé era totalmente un milagro, un milagro que su madre había hecho posible. Por otra parte, había llegado el momento que todos hubiesen querido evitar; tenía que despedirse de Sandra, era momento de dejar ir a la valiente madre que resguardó a su bebé hasta que este estuviera listo para nacer.

El bebé no tuvo el privilegio de recostarse en el pecho de su madre como todos los demás, sin embargo, su madre le dio el mejor de todos los regalos; la vida, misma que se la dio con todo el amor del mundo. Con lágrimas en los ojos el esposo de Sandra cargó a su bebé y le dijo al oído que él era el milagro más hermoso que había podido presenciar.

Ahora él y el hijo mayor de Sandra se preparan a diario para desempeñar un buen papel de padre y hermano mayor, ambos saben que Sandra sigue cuidando de ellos desde el cielo y cuando llegue la hora de hablarle al pequeño sobre su mamá, harán falta horas para contarle lo valiente y fuerte que fue para que él estuviera presente en este mundo.

No nos queda la menor duda del amor tan grande que una madre tiene para sus hijos. ¡Fuiste una gran guerrera Sandra! Bendiciones para la pequeña familia que tiene un gran ángel en el cielo.

 

FUENTE: bundopo.com

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